Para oírte mejor

¿Sidulfo, me escucha? El anciano hace un gesto de más o menos, y el hombre de la bata blanca cambia unos parámetros en el monitor de la computadora y regresa a la carga. ¿Sidulfo, me escucha? Otro gesto, este de mejor, y el médico vuelve a concentrarse en la curva de números en la computadora.

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La principal causa de hipoacusia en los adultos se relaciona con el envejecimiento, a partir de los 60 años, y otros factores de riesgo como el ruido y enfermedades como la diabetes y la hipertensión, explica el Dr. Eleazar Bueno.

Hasta que la mueca del paciente no indique que todo está bien con la prótesis auditiva, la escena se repetirá, con la misma dinámica. “¿Ahora sí? ¿Sidulfo, me escucha?” Gesto afirmativo y un sí, con todas las letras, por si las dudas.

Dentro de la consulta, la nieta de Sidulfo Rodríguez -73 años y jubilado de la construcción- espera y escucha las indicaciones del médico sobre las características de los nuevos audífonos.

No mojarlos. No dormir con ellos. Guardarlos sin baterías y estar atento porque cuando la carga empieza a bajar te avisan unos pitidos. Entonces, se espera hasta que se agote, para poner la nueva.

El anciano finalmente da las gracias, entrega a su pariente varios documentos que deberá conservar para futuras consultas y camina hasta la recepción del Centro provincial de Audición, de Guantánamo.

Yuraydis Sánchez, la dispensadora, que allí funciona también como una especie de recepcionista, le habla de frente y despacio. “Así es. Eso de acercarse para oírme mejor es como se hace. Quien quiera hablarle, de ahora en adelante, tiene que hacerlo así, si no, entonces ese no quería comunicarse con usted.

“El precio de costo de estos equipos es de mil 650 pesos, pero el de venta es de solo 45 pesos, más 3.60 por el estuche de seis baterías” -explica la joven mientras recoge de las manos del anciano un billete de cincuenta pesos y devuelve el cambio.

Unos papeles más, y todo habrá terminado, o comenzado, según se mire.

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La cirugía de implante coclear –que constituye una opción de tratamiento de la hipoacusia, la multidiscapacidad y la sordoceguera- puede costar en el mundo hasta 60 mil dólares, sin incluir los costos de la rehabilitación de por vida.

La esencia…

El Centro provincial de Audición tiene, me explica su responsable, el especialista en Segundo Grado de Otorrinolaringología Eleazar Bueno, dos vertientes fundamentales: la sección de audiología, con la atención a adultos con hipoacusia y cofosis (sordos) y la de fonologopedia, para niños con los mismos trastornos por motivos neurosensoriales, incluidos los beneficiados con implante cloquear.

Además, desde hace dos años la institución se enroló en el Proyecto de Detección precoz de pérdida auditiva en la población infantil, desde el recién nacido, resultado de la colaboración entre el Consejo de Iglesias y el Ministerio de Salud Pública.

Gracias a esa cooperación, el Centro guantanamero fue dotado de equipamiento nuevo, como una cámara audiométrica con condiciones óptimas de aislamiento, equipos para el estudio del oído medio y la programación de las prótesis auditivas.

“A ello, se suma un personal sensible con el trabajo que hacemos y muy capacitado, compuesto por dos especialistas en otorrino, dos licenciadas en logofonoaudiología, una doctora en foniatría, una enfermera, sendos técnicos de moldes y reparaciones, y los administrativos”, detalla el también Máster en Ciencias.

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El caso de Dianelis Terrero, actualmente en la escuela 14 de Junio, es muestra de las potencialidades de los implantes, y de una rehabilitación exitosa, explica su doctora Belkis.

Historias de oídas

Los adultos -casi siempre mayores de 60 años- se atienden en la planta baja, donde se concentran las consultas de audiometría, los talleres de moldes para la confección de audífonos y de reparaciones de esos equipos, el departamento de enfermería y la recepción.

“Aquí los pacientes llegan – explica el especialista- remitidos por las áreas de salud, luego de ser revisados por un otorrino. Nuestra misión es determinar el grado de hipoacusia (ligera, moderada o severa) o de cofosis, y valorar las alternativas de tratamiento, sobre todo, las prótesis auditivas o audífonos”.

También el Centro es responsable de dar seguimiento a los pacientes y a los equipos protésicos. En un departamento pequeño, a la derecha de la recepción, la técnica en electrónica Imilse Singh se ocupa desde hace casi tres décadas de reparar los segundos.

“Por mis manos han pasado audífonos de origen alemán, canadiense, chino, italiano…, y todos los reparamos, excepto los Neurones, una marca que ha salido mala y tienen que enviarse para La Habana. Lo demás, lo resolvemos en casa con seriedad y urgencia, porque ese pequeño equipo que usted ve aquí es la clave para que una persona pueda comunicarse con el mundo”.

De manera general, reconoce la técnica, que son dispositivos duraderos y con una estructura simple: un chip, un micrófono, un receptor y los contactos de la batería. “Los mayores problemas vienen por la manipulación. Algunos se caen, hay pacientes que se bañan con ellos, o los olvidan dentro de los bolsillos”.

En el departamento aledaño, Rubén Savignón, técnico en electromedicina, es el responsable de tomar las muestras del oído de los pacientes para la confección final de los audífonos.

“Un proceso aparentemente sencillo, pero que implica el mayor tiempo de espera por las prótesis. El molde, aquí, se hace en cinco minutos en silicona, el problema es que luego se manda para La Habana, y allá se pasan hasta más de un mes. Ahora mismo -asegura el joven- tenemos pendientes desde el mes de junio”.

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El Centro dispone del equipamiento necesario para el tratamiento de adultos y niños, gracias a un proyecto de colaboración entre el Consejo de Iglesias y el Ministerio de Salud Pública. En la foto, la nueva cámara audiométrica

Niños, siempre arriba

En la planta alta, un ambiente de juguetes y colores acoge la consulta de logofoniatría y el área de rehabilitación de los niños, donde además se desarrolla el seguimiento de los beneficiados con implantes cloqueares en Guantánamo.

“Los niños -precisa la Especialista en Otorrinolaringología y Máster en Ciencias Ruby Hernández Jardines, responsable del área pediátrica del Centro- son detectados por la pesquisa de edades tempranas, pero también por las áreas de salud, las escuelas, los centros de diagnóstico y orientación…”.

Las principales causas de la pérdida auditiva en esas edades, recalca, son por afecciones perinatales, factores hereditarios, hipoxia neonatal, el uso de medicamentos ototóxicos como kanamicina y gentamicina, infecciones y traumas.

“Aquí se les diagnostica, y si detectamos que la naturaleza de la pérdida es neurosensorial, decidimos la conducta, si se tratan con audífonos o son candidatos a un implante, y si la rehabilitación será aquí o en los Centros de Rehabilitación. También es posible que esa condición esté asociada con otros factores, como malformaciones congénitas, otitis media crónica secretoria o simple…, para ello, el programa dispone de una sección quirúrgica, que funciona en el Hospital Pediátrico Pedro A. Pérez”, detalla la audióloga.

Sleilán Marlen Ferrer -7 años, reside en el municipio Imías– se atiende en el Centro desde hace más de un año. Su madre, Yanoikis, recuerda que la llamaba y no atendía, y hablaba muy alto. “Entonces la traje, le diagnosticaron mala ventilación en el oído medio y le colocaron, en una cirugía, dos shepard -como se le conoce a los drenajes transtimpánicos”.

La atención. Pregunto. “Muy buena. Ahora se le cayó uno, y por eso regresamos”, responde la madre. Sleilán la mira, reparte besos en la consulta de audiología, y aclara finalmente que ya no tiene siete, o casi: este mes, cumple los ocho.

Pero los casos más complejos, siempre, son los implantes cloqueares. Hasta ahora, en Guantánamo existen 14 niños beneficiados con esa tecnología, que consiste en la colocación -por medio de una cirugía- de prótesis auditivas que funcionan como un oído biónico capaz de sustituir el sistema de transducción de las células ciliadas no funcionales del oído interno, y convertir la energía mecánica sonora en señales eléctricas que se transmiten luego al nervio auditivo en aquellos pacientes con sordera neurosensorial.

Parece un proceso complejo, y lo es. “No por la cirugía, aunque claro que tiene riesgos, hablo sobre todo de la rehabilitación, que debe ser profunda, minuciosa y en la que tiene gran peso la familia, por eso, ante cualquier candidato a implante, una de las primeras evaluaciones es la psicosocial”, reconoce.

Y Dianelis Terrero -12 años, con implante cloquear hace ocho meses- es muestra de una cirugía y un proceso de rehabilitación exitosos.

“Los mejores resultados generalmente ocurren cuando el implante se realiza antes de los tres años, y por eso es la edad que se prioriza en estos momentos, pero ella es un caso excepcional, pues pidió la cirugía, y esa fuerza y el apoyo de la familia lograron que en solo ocho meses, ella esté en el último nivel de la rehabilitación”, explica la especialista en Logopedia y Foniatría Belkis Batista.

A la doctora la inquieta que todavía existan reticencias y desinformación sobre el proceder. “Es importante que la gente sepa cuánto te cambia la vida. Esta niña, por ejemplo, pudo tenerlo a los dos años, pero sus padres no aceptaron. Hoy, ella puede escuchar el canto de los pájaros, los carros, la voz de sus familiares”.

Diallineydis Diez, la madre, sonríe a la crítica y asiente: “Y accedimos no porque se quitara el miedo, sino porque ella vio un documental sobre los implantes y nos sentó, a su papá y a mí, y nos dijo que quería operarse, para poder cuidar a sus hijos como yo la cuido a ella, y ser independiente. Viendo cómo avanza, yo la operaría otra vez, y lo haría desde mucho antes”.

Los dejo en su consulta. Camino. Arriba, lo que parecen juguetes son medios para la terapia ocupacional, a cargo de la Licenciada Yanet Camacho. “Trabajamos -dice desde el piso, rodeada por dos niños afanados en un juego de armar-, en conducta, atención, concentración, en sus habilidades motoras, y los preparamos para las actividades de la vida diaria”.

A sus manos, me explica, llegan niños hipoacúsicos, con síndrome de Down, con retraso en el lenguaje, y por supuesto, los pequeños que se preparan para el implante -en la provincia son 10 ahora mismo-, y los ya implantados.

“Y es un proceso fundamental. El implante te permite escuchar, pero si no sabes identificar el sonido, si no aprendes a hablar, a comunicarte, no se logra nada. Por eso, es tan importante la rehabilitación con los especialistas, y en la casa”, refuerza la idea Niurka Rivero, logofonoaudióloga.

Un proceso de todos los días, en el que el Centro provincial de Audición, de Guantánamo, es escalera y empuje. Un paso a la vez. Un sonido, y una palabra.

Fuente: Venceremos