¿Pero cuánto cuesta a la salud ese veneno de más fácil acceso? Diseñados para replicar los efectos del tetrahidrocannabinol (THC), principal componente sicoactivo del cannabis o marihuana, los cannabinoides sintéticos superan significativamente al THC en potencia y riesgo, produciendo efectos adversos graves, como convulsiones, sicosis, alucinaciones, paranoia o ataques de pánico.
De acuerdo con el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías, debido a su alta toxicidad, estos compuestos son responsables directos de numerosas intoxicaciones y muertes en todo el mundo. Muchas de estas nuevas drogas de diseño son comercializadas en el mercado ilícito como alternativas legales a las sustancias de abuso tradicionales, lo que agrava un fenómeno que supone ya un serio problema de salud pública, debido a la peligrosidad, accesibilidad y diversidad estructural de esas sustancias.
La prestigiosa revista Biomedicine & Pharmacotherapy ha alertado, en reciente publicación, que «es especialmente preocupante comprobar que la gran mayoría de los cannabinoides sintéticos utilizados como sustancias de abuso nunca han sido investigados por la comunidad científica o la industria farmacéutica, lo que significa que no se dispone de información sobre sus perfiles farmacodinámicos, farmacocinéticos y toxicológicos». Son bombas destructivas del sistema nervioso central, de tan disímiles fórmulas como complejas vías de detección o identificación, que casi siempre conducen al laboratorio.
Generalmente, los cannabinoides sintéticos no se detectan en los controles rutinarios de las muestras de cannabis intervenidas, siendo necesarios análisis forenses y toxicológicos específicos. Por otro lado, debido a su elevada potencia y eficacia, pequeñas cantidades de cannabinoides sintéticos son suficientes para producir efectos similares al THC. Esto hace que sea fácil engañar a los distribuidores y a los consumidores, que mayoritariamente, creen que están comprando cannabis de origen natural.
El estudio de las principales consecuencias provocadas por esa droga señalan que, a corto plazo, puede producir sensación de euforia y relajación; causar distorsiones de la percepción del tiempo, el espacio y la realidad; ansiedad extrema, ataques de pánico o paranoia; aumento del ritmo cardíaco; cambios bruscos en la presión arterial; malestar estomacal; dificultad para concentrarse o pensar con claridad; en algunos casos, puede provocar alucinaciones visuales o auditivas.
A largo plazo genera dependencia y adicción; problemas de salud mental, como la esquizofrenia, la depresión o la ansiedad crónica; daño renal y hepático; problemas cardiovasculares; tolerancia y síndrome de abstinencia
La diversidad de esas sustancias, de su composición química y forma de presentación puede variar ampliamente, lo que aumenta el riesgo de sobredosis o efectos impredecibles. Además, algunas son extremadamente tóxicas, incluso en pequeñas cantidades, y pueden interactuar negativamente con otros medicamentos o sustancias.
Los cannabinoides sintéticos pueden tener efectos graves e impredecibles en la salud física y mental, a corto y largo plazo. Su uso conlleva riesgos significativos y fatales que evidencian que el «químico» o el «papelito» puede resultar la forma más barata de morir o de entrar en la esclavitud de las drogas.
Fuente:Tomado del periódico digital granma